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Skyler

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Digamos que vuelvo a nacer tres veces más. Tres. Crecer viendo la misma tv, escuchando los mismos discos, yendo a los mismos cines y comiendo la misma comida. Una familia idéntica, un mismo trabajo, los mismos balones con los que nunca jugué, etc. Tres calcas humanas en un tiempo distinto, con las mismas características y los mismos compromisos. ¿Vale? Pues bajo esas circustancias, contando, digamos, 190 años de diferencia, no volvería a experimentar el asco, la hediondez anímica y la profunda antipatía que me causa Skyler, el personaje femenino de Breaking Bad.

Es simplemente el epítome del lastre de la humanidad hecho mujer. Me pongo en los zapatos de un monje de la edad media cuando la veo. Su manera de llegar a situaciones lejos de su incumbencia es increíble. El modo en que quiebra a voluntad cualquier tipo de lazo familiar, cualquier comunicación con sus semejantes, es digno de un caimán interrumpiendo la cena para buscar más de cenar. No, de verdad, es una locura. No paro de quejarme y a veces siento que mi esposa no comprende mucho porque me he quedado mudo al no saber explicarlo. Pero es que me hierve el caldo del cerebro con sólo recordar sus intervenciones. Vince Gilligan, el escritor, debió beberse lo mejor de la literatura mundial y dejar caer sobre un colador los más podridos defectos humanos en esa mujer. ¡Es que de verdad que me va a dar diabetes con ese texto!

Pero la serie, una de las mejores, sin duda.

Categorias: El presente.

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