Los clones de Scott Walker los odiaba. Me pasaban de noche y no permitía que tampoco hicieran covers de éste. Qué fastidio, pensaba. Me tiraba a escuchar a Pulp y reconocía a Walker y me arrepentía de haberlo puesto. Cuando Henry Rollins se dijo fan, también lo odié. Era un celo indescriptible, en verdad no lo comprendía. Y fue mucho más allá cuando 30th Century Man salió a la luz. Todos parecieran conocerle al completo, al cien. Y luego me daba envidia. Pero una de esas envidias de las cuales presumes como para darte por enterado de algo. Y dentro de esa envidia, la figura de Richard Hawley se alzaba. Era el rey. En RDL, alguna vez dijo que de lo que se enorgullecía era de haber llegado a los cuarenta con cabello, todos sus dientes, y con un nivel de colesterol razonable. Un tipazo, un lord del brit pop de una dulzura exquisita. Y lo borré de la lista. De esa hate list que tanto me lastimaba. Me saltaba las peores partes del documental para llegar a él y verle mientras contaba sus anécdotas. Hawley de verdad es un sidekick invisible de sus propios gustos. Un guitarrista que caricaturiza las emociones y que muchas veces lo hace tan bien que pareciera que sus discos son una cadena indestructible. Está novelando, desde hace 10 años, una nueva ruta musical fascinante, que huele, viste, y sabe a los más grandes fantasmas de los 50′s.

Oh My Love, en su estructura y en su nostálgica visión de la vida, es por mucho su obra maestra. Vaya, está de más que lo diga, Lowedges es el mejor disco de Richard Hawley. Una coronación musical completa, abotargada de frases románticas y de cuentos en donde los corazones rotos son personajes salvajes. Desde esa portada que pareciera estar dedicada a Jeff Bucley, Hawley supo detonar los mejores guiños americanos con su guitarra. Y Oh My Love, una gran balada simplísima, es la suma. El alfa y el omega. El riff que envidiaría Tesla. El riff que quisiera estar grabado en GNR Lies. Una canción que es un círculo perfecto y a la vez una fuga de sentimientos encontrados. A mí se me van los dedos al escribir esto mientras la escucho, ¿debería mencionar que era la canción con la que me tiraba a dormir luego del turno nocturno? Pero es que, sinceramente, podría decir que es la canción más melancólica del Brit Pop. Cada que vuelvo a Lowedges sé que Jarvis Cocker sufrió profundamente por no haber tenido a Hawley haciéndole arreglos de esa envergadura. Un clásico irrepetible y una buena razón para, como digo siempre a quien no lo conoce, hacerlo famoso a lo de ya.
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