Skyler
Febrero 7th, 2010

Digamos que vuelvo a nacer tres veces más. Tres. Crecer viendo la misma tv, escuchando los mismos discos, yendo a los mismos cines y comiendo la misma comida. Una familia idéntica, un mismo trabajo, los mismos balones con los que nunca jugué, etc. Tres calcas humanas en un tiempo distinto, con las mismas características y los mismos compromisos. ¿Vale? Pues bajo esas circustancias, contando, digamos, 190 años de diferencia, no volvería a experimentar el asco, la hediondez anímica y la profunda antipatía que me causa Skyler, el personaje femenino de Breaking Bad.
Es simplemente el epítome del lastre de la humanidad hecho mujer. Me pongo en los zapatos de un monje de la edad media cuando la veo. Su manera de llegar a situaciones lejos de su incumbencia es increíble. El modo en que quiebra a voluntad cualquier tipo de lazo familiar, cualquier comunicación con sus semejantes, es digno de un caimán interrumpiendo la cena para buscar más de cenar. No, de verdad, es una locura. No paro de quejarme y a veces siento que mi esposa no comprende mucho porque me he quedado mudo al no saber explicarlo. Pero es que me hierve el caldo del cerebro con sólo recordar sus intervenciones. Vince Gilligan, el escritor, debió beberse lo mejor de la literatura mundial y dejar caer sobre un colador los más podridos defectos humanos en esa mujer. ¡Es que de verdad que me va a dar diabetes con ese texto!
Pero la serie, una de las mejores, sin duda.
88. Studio/ Impossible
Febrero 6th, 2010
Si ya escuchaste Yearbook II, seguramente me darás la razón. Sino, mi invitación no podría quedar aquí. En todo el tiempo que tengo de respetar y adorar a las bandas suecas, nunca una como Studio me llevó a la tentación de volverlo casi viral en los correos. Lo juro. En plan “Pude en otra vida contarte que escucharas a Brahms, pero acá te vengo a decir que tienes, TIENES, que escuchar a Studio”. Y recomendaba el primer Yearbook: un verdadero halago, producto -supongo, me encanta suponer estas cosas- de un viaje ácido del que se aterriza demasiado tarde. Y así sin más, debía contarte que los casi 75 minutos del Yearbook II me parecían en un inicio, un reverendo spaghetti. Era como estar escuchando lo que Satan’s Circus debió ser. Siete temas enormes pero dispares. Una gran versión con guitarras españolas de 2 Hearts de Kylie. Una maravillosa, inacabable y poderosa versión libre de Brown Piano de A Mountain of One. Otra, y quizá la que más rompe la cabeza a la gente, impresionante versión kraut de un bocado pop que es Turn The Radio Off de Love is All. Y todo con una azarosa y atrevida producción sobrecargada de guitarras. Y pues, lo de siempre: otro disco más que está por debajo de los pies de todos. Otra, válgame, razón de peso para sacarlos del recicle y darles el lugar que se merecen.

Primero es encantador que sean covers redondos. Canciones que por su peso o son bien versionados o tienes qué calcarlos a la perfección. No hay medio tono. Y bajo esa idea, no se podría hacer una versión más convincente a un grupo tan enfermizamente emo y llorón como Shout Out Louds. Seguramente, en Our Ill Wills, esta banda también sueca, sabían que estaban tatuando con sangre su testamento al grabar Impossible. No quiero pensar siquiera qué cara pusieron entonces al escuchar la iniciativa de Studio para tomarla prestada y versionarla. Porque, si bien son agua y aceite, es una oportunidad para regalarle aire nuevo. Studio le da una pequeña torcedura en su estructura, le pone un histriónico remate con batería eléctrica, le añade un intro con lo que parecen ser unas respiraciones, y graban encima más y más guitarras acústicas. Tantas como para ahogar un cluster de pedales de efectos. Tantas como para ruborizar un poco a Kevin Shields. Y cuando crees que ya es suficiente, cuando sabes que deberían parar, cambian la letra, y sueltan un “Possible” en lugar de “Impossible”. Studio logró lo que muchos han tratado de hacer. Dejar repleta de esperanza una canción que, a primera vista, pareciera un S.O.S. que no recibe respuesta.
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Serio como Jefferson Airplane
Febrero 4th, 2010

Había creído que Joel e Ethan ya lo habían contado todo, pero estaba muy equivocado. En A Serious Man parece que se les desborda la presa por querer entregarnos grandes fábulas. No exagero si digo que tenía mucho tiempo de no recoger tantas anécdotas en un texto tan rico como ese. Y lo presentan con una maestría de años de trabajo que envidiaría a cualquiera. Ellos sí podrían presumir ahora de ser los mejores directores americanos vivos. Más con esa desfachatez con la que crean sus chistes. Con ese intro tan cómico que raya en lo lunático. Y toda esa amalgama de personas amabilísimas -el hermano científico, la vecina ninfómana, el vecino psicótico, los rabinos omnipresentes- pero que siempre están buscando ese click para enderezar sus vidas. Probablemente la vea una dos veces más para echar en la báscula 3 cosas que vi y que me parecieron podridas. Pero, vaya, de eso ni siquiera va a hablar nadie. El film se sostiene con muy poco y con algo todavía más valioso. Pero véanla. Bájenla. Ya está disponible en esos lugares que sólo nosotros sabemos.
Rocket
Febrero 4th, 2010

Me da mala onda que la primer referencia global del nuevo single de Goldfrapp sea “Jump”. Claro, suena totalmente a eso, sin dudarlo. Y no me da mala onda por la lectura, sino por el poco tacto de Allison en recurrir a un chiste tan gastado. Hay qué ser menos serios y más “anal retentivos” con los arreglos. Eso lo he entendido ya. ¿Pero de esta manera? Ya me había exorcisado de esa comitiva extrema musical que se empeña en reivindicar la bandera de esa década. La de los ochentas. Folino dice que el revival de los 90’s empezó con The Fame Monster de Lady Gaga. Pero no veo quién le pueda seguir el circo. Yo veo aún a Alphabeat y toda la pandilla de Modular explotando los sintetizadores de Van Halen. Pero, fuera de eso, aún con la portada que recuerda este grandioso video de Madonna, Goldfrapp se salva un poco. Lo suficiente como para sobrevivir a la duda de los demás tracks del disco. Pero de verdad, demasiado obvio.
Tanguma
Febrero 2nd, 2010
-Buenas tardes, Tortas Santiago, le atiende Martina, ¿con quién tengo el gusto?
-Con Arturo López
-Dígame, Sr. López
-Verá, quiero pedir dos tortas de pierna, una combinada y otra sin lechuga, por favor. Ah, y una orden de papas a la francesa.
-¿Refresco?
-No, gracias, sin refresco.
-¿Me podría dar su dirección?
-Sí, mire, Antonio Tanguma…
-Antonio Tagunga.
-Tanguma
-¿Tangunda?
-Tan-guma
-Tan-dunas
-TAN-GUMA
-Ay, Tangume
-Anda, así, sólo que al final es a, en lugar de e.
-Tanduna
-No, Tanguma, con “ge” enmedio
-¿Tanjuma?
-No, Tanguma, Tan-gu-ma
-Tan-gun-ga
-No, Tanguma. T de TREPANACION, A de ASESINATO, N de NUCLEAR, G de GENOCIDIO, U de UTOPIA, M de MUERTE y A de ASFIXIA.
-Bien, Antonio Tanjuma.
Y ese climax se repite durante casi media hora.
Aunque todo cambia cuando digo esquina con Eulalio González. Siempre terminan diciéndome: ¡Piporro! Y yo: sí, cómo no vi Eulalio González cuando escogí la casa.
Marina
Febrero 2nd, 2010

Sí que me sorprende mucho lo difícil que se la ha llevado Marina and The Diamonds bajo la sombra de Florence and the Machine. Contado así, hasta pareciera un cuento de pandillas. Pero es claro: Marina tiene todo a su favor. Un ojo distinctivo para arreglar las canciones; clichés pop que van un poco más allá de lo barroco y gastado que tiene el disco Lungs de Florence and the Machine; pero sobre todo por viajar un poco en los pasillos del “American Dream” roto. Haciendo canciones sobre héroes ajenos sin tantos enredos. Le viene muy guango el quehacer político y vaya que le va a caer más de uno con la referencia de Katy Perry. Sino me creen, vean su nuevo video. No es ni una céntesima la artista que escuchábamos en Myspace. Es mejor. Me ha enganchado y espero que ya vaya a por más. Aún no me recuperaba de Mowgli’s Road, uno de esos temas exquisitos que no paré de escuchar en 2009, y ahora viene regresa con Hollywood haciéndolo del todo bien.
89. Richard Hawley/ Oh My Love
Enero 31st, 2010
Los clones de Scott Walker los odiaba. Me pasaban de noche y no permitía que tampoco hicieran covers de éste. Qué fastidio, pensaba. Me tiraba a escuchar a Pulp y reconocía a Walker y me arrepentía de haberlo puesto. Cuando Henry Rollins se dijo fan, también lo odié. Era un celo indescriptible, en verdad no lo comprendía. Y fue mucho más allá cuando 30th Century Man salió a la luz. Todos parecieran conocerle al completo, al cien. Y luego me daba envidia. Pero una de esas envidias de las cuales presumes como para darte por enterado de algo. Y dentro de esa envidia, la figura de Richard Hawley se alzaba. Era el rey. En RDL, alguna vez dijo que de lo que se enorgullecía era de haber llegado a los cuarenta con cabello, todos sus dientes, y con un nivel de colesterol razonable. Un tipazo, un lord del brit pop de una dulzura exquisita. Y lo borré de la lista. De esa hate list que tanto me lastimaba. Me saltaba las peores partes del documental para llegar a él y verle mientras contaba sus anécdotas. Hawley de verdad es un sidekick invisible de sus propios gustos. Un guitarrista que caricaturiza las emociones y que muchas veces lo hace tan bien que pareciera que sus discos son una cadena indestructible. Está novelando, desde hace 10 años, una nueva ruta musical fascinante, que huele, viste, y sabe a los más grandes fantasmas de los 50’s.

Oh My Love, en su estructura y en su nostálgica visión de la vida, es por mucho su obra maestra. Vaya, está de más que lo diga, Lowedges es el mejor disco de Richard Hawley. Una coronación musical completa, abotargada de frases románticas y de cuentos en donde los corazones rotos son personajes salvajes. Desde esa portada que pareciera estar dedicada a Jeff Bucley, Hawley supo detonar los mejores guiños americanos con su guitarra. Y Oh My Love, una gran balada simplísima, es la suma. El alfa y el omega. El riff que envidiaría Tesla. El riff que quisiera estar grabado en GNR Lies. Una canción que es un círculo perfecto y a la vez una fuga de sentimientos encontrados. A mí se me van los dedos al escribir esto mientras la escucho, ¿debería mencionar que era la canción con la que me tiraba a dormir luego del turno nocturno? Pero es que, sinceramente, podría decir que es la canción más melancólica del Brit Pop. Cada que vuelvo a Lowedges sé que Jarvis Cocker sufrió profundamente por no haber tenido a Hawley haciéndole arreglos de esa envergadura. Un clásico irrepetible y una buena razón para, como digo siempre a quien no lo conoce, hacerlo famoso a lo de ya.
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En las hojas trae escrito “Cuidado”
Enero 30th, 2010
3 cuadras antes de bajarme, siempre sube al camión. Está muy abrigado, trae bufanda, botas largas como de bombero, y unos lentes con una correa negra. En la mochila siempre trae muchas hojas, todas escritas con sharpie rojo. Lo primero que resalta es el título, porque trata de sentarse en el primer asiento. Acomoda sus lentes, tose, y empieza a contar que tiene problemas. Sus hijos se han ido de casa y está solo. Su esposa murió reciéntemente, pero por problemas cardiacos no puede trabajar. Pero Dios le dio un don: puede cantar lindas canciones a los pasajeros que van en rutas que él conoce. “Quiero que su trayectoria sea agradable, al menos unos minutitos”. Vuelve a revolver las hojas hasta que encuentra la correcta. De las 4 veces que le he visto, siempre escoge la misma. “Camionero” de Roberto Carlos. No trae guitarra, no trae pandero, no trae wiro, no trae nada. Canta muy fuerte y a ratos estira el cuello muy alto, creyendo que la gente que va atrás no le va a escuchar. El día que decidí darle unos pesos, me frotó la cabeza. Lo hace sólo a quienes considera no se molestarán. No le tocó ni un pelo al tipo que iba hablando sobre cobrar un dinero que le debían hace 3 meses. Ni tampoco a la señora que se pasó todo el trayecto tirándole de los pelos a su hija. Nuestro amigo termina de cobrar, y aplaude 3 veces, y dice: ya me voy a bajar amigos. Se pierde en la primer calle que ve.
“Dispara si tienes huevos”
Enero 29th, 2010
Me resulta enfermizo y a la vez enternecedor que le den tanta importancia a Salvador Cabañas. ¿Quién era para mí este deportista -ahora ejemplar- antes de que un tipo cualquiera le dejara alojada una bala en su cabeza? Nadie. ¿Quién es ahora que una docena de doctores desayunan, comen y cenan a un lado de su cuarto en el hospital en que se recupera, esperando a que reaccione y a que su cerebro deje de hincharse? Nadie. Quizá eso es ahora lo que me resulta bastante cursi y a la vez profundamente terrible. Su prescencia en cada rincón, en los ademanes de la gente, en la charla de sobremesa, en las iglesias, etc. La máxima de “cada quien escoge a sus héroes” me encanta, la aplico aquí si quiero, por supuesto. Más de 30 héroes personales gritarían el “Dispara si tienes huevos”, sin pensarlo. Sin embargo, varios de ellos lo han hecho, como personajes de ficción, y varias veces, no sólo una. ¿Era necesario que la gente se enterara de lo bien portado que era Cabañas en un momento tan crucial como ese? Me confunde. Me sigue confundiendo todavía.
Hoy mi madre me ha llamado al trabajo y me dice que si sé algo de él. Si hay noticias relevantes. Le ha pedido a la mitad de sus amigas que recen por él y enciendan una veladora. Cierra amablemente -como siempre, mi madre es un pan dulcísimo- diciéndome que a veces a las personas que menos te esperas, le ocurren las peores cosas. “Lástima. Tan buen chico. Un gran deportista”. Pero a mi madre no le gusta el futbol. No sabe ni siquiera qué hacía tan tarde en un bar discutiendo a lo mexican showdown con dos tipos armados. Sé que dentro de un tiempo no le interesará saber si dentro de un mes queda en coma o si en realidad vuelve a jugar con un nuevo contrato para El Arsenal. Según mi madre, lo importante ahora es que no muera. Pero sabemos que lo importante es la telenovela de los medios. Que siga su curso tratando de pudrir lo sano, como es su costumbre. Está mal, está perdido, todo está perdido desde hace mucho. Y eso precisamente es lo que me enferma.
90. Eurythmics/ Take Me To Your Heart
Enero 28th, 2010
Pensando que había un motivo para que los consideraran “inmortales”, me tomé el tiempo de echarle una miradita a los discos de Eurythmics. Hace poco, la verdad, y no tan detenidamente como quien quiere ensayarlos, ponerlos sobre un mapa, o simplemente hablar bien de ellos. Sino más bien encontrar el punto en que, antes de que Sweet Dreams fuera su Like a Rolling Stone, eran considerados un grupo “arty” que todas las podía y que merecía la pena y el respeto. Y enmedio de cualquier observación, me di cuenta de lo genial que suenan en su primer disco, Secret Garden. Y qué tan bien les sale la bandera del compromiso con la época, a pesar de que estaban bien locos, ambos, Stewart y Lennox. Finos, finísimos, comiéndose al mundo entero, y sacando grandes tapas en sus viniles. Apenas era el año 81 y ya habían lograron volar a Cologne y echarse a la bolsa al tecladista de Guru Guru, y de paso, dejarse apapachar grabando la mayor parte de los temas con él. A dos años de Sweet Dreams y a 20 años de que todo mundo los recuerde por “el cover que hace Marylin Manson en cada película de terror”, Eurythmics tiene aún tesoros escondidos, bastante valiosos para considerarlos una banda de “One Hit Wonders”.

A diferencia del single Belinda, Take Me To Your Heart no suena a un paseo hard rock. Conny Plank deja que la base sea un krautrock bien ponderado, con ese synthe de pesadilla, a lo John Carpenter. Es quizá el tema más introspectivo, al que, si no se pone mucha atención, termina siempre llegando tarde. Probablemente te pesca en un inicio porque pareciera la base de una canción de Nina Hagen, pero nunca cambia. No tiene un sobresalto, no trata de contar otra cosa que el juego de “no decir mucho”. Sólo un “Invítame a tu corazón, estoy solo, te llamo pero sólo pretendes estar”. Un tema con un contenido casi impenetrable del que destila el casi 90 por ciento de la música de esa década. Grandiosa también por carecer de un riff de guitarra y de un solo. ¿Dije que suena a Cluster? También. Se podría confundir con una polka surrealista, si pensamos que probablemente hayan grabado sentados, luego de una larga jornada de trabajo, haciendo nada. Una joya que aún me deja lelo a la enésima escucha.
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